En los días en que el cuerpo no se traslada mucho de lugar, la mente inquieta encuentra o
reencuentra episodios perdidos de la existencia,
películas, libros, canciones, personas. Porque es en la soledad de los días llenos de
artículos y frases elaboradas, cuando uno se acuerda de aquello que fue
espontáneo, infantil, impulsivo, se acuerda de lo que
existió fuera de esta caja de oraciones pomposas,
reinterpretadas y manoseadas por los
ídolos mentales de las materias contenidas en aquellos ladrillos sin vida llamados
códigos, que aparecen en forma de tratados, manuales,
resúmenes y
basofias que llegan a las
conclusiones más
lógicamente discordantes.
Y
aquí estoy y me doy cuenta que aún pienso en ciertas cosas, en detalles que jamás me abandonan. La curiosidad es humana... NO!
es el morbo es el que es humano, es el deseo de saber por una necesidad enfermiza de
reasegurarse que uno es inmortal, que uno cambio la vida de alguien, que uno sigue vivo en el pensamiento de otros, porque no es la soledad la que nos aterra, sino el olvido!