Entrada ya la tarde, un poco cansadas un poco desencantadas, se subieron al taxi algo perdidas. Arriba del vehiculo se internaron en esos parajes, cada vez subia su asombro, era miles de tonos de verde, uno sobre el otro, vivos, claros, oscuros, verdes azulados, dulces, celestiales. Como soldaditos enfilados para una guerra desfilaban los arboles en las colinas, los amarillos opacos por la luz de noche aparecian como grandes explosiones. Seguía la avanzada, vieron cisnes jugar en el agua, y los cerros con niebla que parecian algodones de azucar lanzados sobre los soldados. Es el final del camino, se internaron en el fuerte, la noche estaba pronta a llegar, miraron el mar, el rio y el cielo, todos eran uno, se erigian hacia el infinito sin distincion el uno del otro, el viento golpeaba sus
caras. Una se sento en el pasto acariciandolo nunca habia sentido un verde más suave que ese, la otra toco las murallas humedecidas y duras que llevan años alli como gigantes en reposo, la otra prendio un cigarro y se dejo acariciar por el viento. Las tres se miraron, la noche habia llegado, luces a lo lejos de la ciudad, no querian regresar depues de sentir tanta paz. Una rafaga de viento las envolvio a cada una un deseo les concedio, Una pidio vivir felizmente con su amado, la otra pidio más confianza en si misma, y la ultima pidio volver a amar. El viento les contesto:
- No puedo concederos sus deseos, pues ya son realidad, o los seran...
Les revolvio los cabellos y se elevo confundiendose con la noche. El silencio llego, las tres enmudecidas arrodilladas en el suelo, se miraron.
-¿Vamos?
- Si, vamos...
Cómo quisiera haber estado ahí... ahora el tengo fobia al viento, en especial al de septiembre....
ResponderBorraruna lata. Siempre hay que volver en el camino.... podría haberme quedado en el pastito toda una eternidad