11.11.07

Desde una ventana

Era una tarde lluviosa de julio, la pequeña estaba parada sobre la punta de sus pies y se aferraba a la ventana, veía como caía la lluvia, como las gotas de lluvia se deslizaban silenciosas por su ventana, así como sus lágrimas lo hacían por sus mejillas. Aún le dolía, nunca supo porque su padre lo hacía, ella solo quería hacer las cosas bien, ¿ Sera que sus manos torpes no podían ni siquiera llevar un plato sucio de la mesa a la cocina? ¿Porque lo boto? Una y otra vez se repetía en su mente ese segundo en que el plato se rompía en decenas de pedazos, desatando un ruido seco en medio del silencio.
" Solo se cayó, papá "- Fue lo que ella le dijo, antes de que aquel hombre dejara caer su mano sobre su pequeña cara y luego su cuerpo, una y otra vez. Sobre ese pequeño cuerpecito se extendían mantos morados, pruebas de la violencia, manchas que se borran de la piel pero jamás de la mente. Esta no era la primera vez que lo hacía, la niña sabía que luego llegaría a su habitación a pedirle disculpas por lo que había hecho, pero le diría que era su culpa por ser tan torpe, que ella se lo merecía, que debía aprender y que este era el único modo de hacerlo.
Solo tenía 6 años, ¿Que tanto podía razonar una niña? ¿Que era lo que quería lograr? Recordó una vieja historia, una que su Madre le había contado hace ya mucho, sobre una niña que podía volar, era hija de una mujer y de un pájaro, y que podía a voluntad sacar sus alas y volar cualquier distancia y a cualquier altura. Abrió la ventana, observando su amoratado brazo, lentamente y con mucho esfuerzo se encumbro en el marco de la misma. Sintió el viento en cara, la lluvia que mojaba su vestido, cerro los ojos y salto. Sintió que flotaba, vio un sol maravilloso en el horizonte al cual se dirigía, volando, sus alas eran delicadas plumas y con tonos rosados, sintió una paz como nunca la había sentido antes, batió aún mas fuerte sus alas y se dirigió al eterno horizonte. En la ciudad, en el suelo yace el cuerpecito sin vida de una pequeña, en la ventana del 6º piso un hombre se asoma gritando y llorando. La lluvia golpea y diluye la sangre que recorre los pies de los transeúntes que se juntan con asombro y tristeza alrededor de aquella pequeña niña.

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