Como comienzo una historia que no cabe en un blog. Muchos años (lease en tono de vieja) que me instalé en este puerto, nunca pregunté que hacía aquí ni porque me siento atraída a las luces de los cerros brillando a lo lejos. Es como un amor de verano que se quedó más rato, mucho más rato.
De todo lo que viví, ingratamente lo recuerdo ahora que me fui, no pensé en guardar nada, solo existí y es así que me encuentro mirando al puerto.
De todas las parabolas, la de los últimos días es la que se da mejor. Amigo, no es solo el mar del que me despido, también de ti y del ahora, de la burbuja presente que nos traía felicidad. No olvido la primera vez que hablamos, lo mucho que pensé que serías otra de las personas prescindibles que pasarían en la vida y me encuentro con los recuerdos de los días de sol quemando la espalda, la lluvia creando música en el techo, las copas trinando en las noches de conversa y cigarros.
Cuanto humo, cuantos significados a la vida encontramos. resolvimos el mundo y a veces nos metimos en nuestra mierda, exploramos las oscuras mentes sin miedo a decirnos la verdad, sin embargo cuantas quedaron ocultas entre las curvas del alma. Amigo no olvides que nuestro momento fue real, que su existencia nos habló de las bondades del mundo, que las risas llenaron nuestras cavernas oscuras del pensamiento, el aura negativa retrocedió, el espacio a la luz me lleno de energía que me llevo en mi viaje.
Nos encontraremos de nuevo en otro balcón, mirando a otros barcos, los de los recuerdos futuros, otra niebla cubrirá ese incierto y otro puerto nos recibirá de nuevo.
Estoy feliz tanto que no me molesto por escribir algo gracioso, eso será para la próxima. Por hoy solo un abrazo, una copa de vino, un cigarro en la lluvia y un hasta luego.

Qué bello modo de escribir.
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