Del humo exhalado de un cigarro fumado con nostalgia, sin su creadora saberlo, nació una mujer, del suspiro helado de su cigarro y su imaginación una que se parecía a alguien que ella conocía. En la noche oscura se vistió con el brillo de las estrellas, apareció entre medio del mar y abrió sus largos brazos blancos hacia su creadora. Ella estaba maravillada, sin saber que lo que veía era su creación, salio a su encuentro, le dio la mano y se miraron casi eternamente, la mujer de humo inspiraba en ella, aquellos sentimientos profundos que parecen mover al mundo y que una vez inspiro otra persona. Deslumbrada por su soltura y su belleza, su flotante forma de caminar, todo en ella era perfecto y hermoso. Bailaron bajo la luz de la luna, protegidas bajo el inmenso manto de la noche, su creadora prometió amarla y cuidarla por siempre, sello este pacto con un beso eternamente tierno y entregando en aquel todo el amor que guardaba en su interior. Ese amor que parecía estar esperándola solo a ella. En un momento casi imperceptible la noche se volvió infinitamente más oscura, era el momento anterior al amanecer, el sol pronto se levantaria. Una vez más la creadora del humo la miro a los ojos, ojos en los que se perdió, la abrazo fuertemente. El sol empezó a salir, los rayos cálidos tocaron la arena y luego el mar, el abrazo se hizo cada vez más fuerte, cada vez trato de sostenerla por más tiempo, pero parecía que se escapaba de sus manos, se deshacía en sus brazos. El humo, ya sin forma se elevo en el cielo celeste y desapareció entre las nubes. Al final, pareciera que la creadora se abrazaba a si misma, llorando por lo que no perdió, porque en verdad nunca existió, cayó sin fuerzas en la arena mirando al cielo, cerro los ojos y su corazón se detuvo. No había más fuerzas dentro de ella, lo dio todo por una mujer de humo. Dio su vida por una ilusión creada por ella. Nada más queda.
pero, es la ilusión "nada"?
ResponderBorrarUna vez, fui envuelta en papel ilusa (mentira, más de una vez), fui metida en el horno de las sensaciones y luego fui servida en un gran banquete.
Nadie miró el plato. Yo me quedé ahí, muy ilusa, sintiendo cómo ese papel se impregnaba y pasaba a ser parte de mi piel.
(y me tinca, no sé por qué, que algo así pasa con el humo)
bendiciones, frutibella